MIERCOLES 14 DE DICIEMBRE DE 2016 EL ECONOMISTA II 15
Debates.
por Por Daniel Oks (*)
Las política fiscal y monetaria podrían ser más gradualistas.
Como la economía está por debajo de su tendencia, y dada la importante caída proyectada del
gasto público real, la política fiscal ha sido contractiva. Además, una meta de desinflación más
gradual permitiría suavizar o mitigar los costos de la estrategia desinflacionaria.
La falta de una trayectoria
creíble de convergencia del
déficit fiscal a niveles sustentables
a mediano plazo (niveles de
déficit que estabilicen la relación
deuda-producto) deja a la política
monetaria sola en la batalla por
reducir la inflación. Ello ocurre
porque el ancla fiscal es lo que le
da sostén a la política monetaria
en el mediano plazo –si los niveles
de deuda que financian al
déficit se vuelven insostenibles,
aumenta el riesgo de monetización
de los déficit y la restricción
monetaria deja de ser efectiva–.
Así, las expectativas de menor
inflación son sólo alimentadas
por el pilar monetario. Si la expansión
monetaria que surge de la
meta de inflación del BCRA es menor
a la expectativa de inflación
(que guía las marcaciones de precios)
debido, por ejemplo, a una
estrategia fiscal insostenible, se
fuerza el ajuste por cantidades (al
no haber suficiente liquidez para
absorber bienes a los precios más
altos, las empresas venden menos
unidades) lo que implica menor
actividad económica.
El correlato financiero es
que, para alcanzar la meta de inflación,
el BCRA se ve obligado
a fijar tasas de interés más elevadas,
lo que vuelve atractivas
inversiones financieras en detrimento
de la inversión real. A
su vez, el financiamiento externo
de los déficit fiscales genera
ingreso de divisas que inducen
apreciación cambiaria generando
problemas de competitividad
y menor oferta de bienes.
El debate
¿Cuán creíble es la política fiscal
gradualista del Gobierno? La
presunción es que no es creíble
porque siquiera es gradualista.
Acá argumentamos –contra la
corriente– que sí es gradualista
y que inclusive se asemeja más
a una política de shock una vez
que se tiene en cuenta la fase del
ciclo económico y la erosión inflacionaria
del gasto público y la
recaudación. El fuerte financiamiento
externo recibido en 2016
es atribuible no sólo al déficit
fiscal sino también a la refinanciación
de deuda existente y a la
sustitución de emisión monetaria
por deuda financiera.
Los números
Para demostrar este punto evaluamos
los dos componentes
del déficit fiscal primario en su
comportamiento real y en relación
al ciclo económico: el gasto
primario (sin intereses) y la recaudación.
En gasto primario (de caja)
consolidado creció 32,2% en el
acumulado enero-octubre de
2016. Frente a este aumento, el
IPC acumulado interanual del
Congreso escaló 43,9%. Esto implica
un ajuste contractivo de
aproximadamente el 8,1% del
gasto primario real.
Si bien es probable que haya
una reversión durante los últimos
meses por el atraso en obra
pública (que en parte se compensa
en los últimos meses) y por
nuevos compromisos de partidas
sociales y pensiones, la reversión
posiblemente será sólo parcial.
En rigor, en la fase baja del ciclo
como en 2016, el gasto público primario
real debería haber aumentado
si se hubiera comportado
anticíclicamente, como se espera
al menos que ocurra con las partidas
sociales. El hecho de que haya
caído, en cambio, indica que la
política fiscal ha sido contractiva
y procíclica. En otras palabras,
fue una política de ajuste tradicional
por el lado del gasto.
Por el lado de los ingresos
–que guardan una estrecha relación
con el PIB (por ejemplo,
IVA, Ganancias y/o seguridad social)–
los ingresos tributarios del
Estado Nacional crecieron 27,6%
en el acumulado interanual del
período enero-octubre de 2016.
En relación a la inflación, la recaudación
real cayó 11,3%. Seguramente
los ingresos extraordinarios
del blanqueo contribuirán
a atenuar dicha caída pero
difícilmente anularla y, en todo
caso, son un recurso extraordinario
(y no recurrente, aunque aumente
la base impositiva). Pero,
dado que los ingresos dependen
del ciclo económico, la caída de
la recaudación real no marca el
verdadero rumbo o impacto de la
política fiscal sino que más bien
refleja la caída de la actividad.
En varios países se toma el
balance fiscal estructural –que
corrige el balance primario por
el impacto del ciclo económico–
como la verdadera medida
del impacto fiscal. Así medido,
correspondería sustituir los ingresos
efectivos por los ingresos
de tendencia. Los ingresos de
tendencia se pueden obtener estimando
la relación entre recaudación
y PIB (a través de un análisis
estadístico) y tomando el PIB de
tendencia (que a su vez surge de
suavizar los ciclos tomando la
tendencia de crecimiento o estancamiento
del PIB).
Dado el estancamiento relativo
del PIB en 2012-2015, y como
simplificación metodológica, podemos
tomar la relación recaudación-PIB
en 2015 como un ratio de
tendencia y el PIB de tendencia
en 2016 igual al de 2015. De esos
supuestos resulta que los ingresos
de tendencia son 12,7% más
altos que los ingresos corrientes
reales proyectados para 2016. En
tal sentido, la política fiscal actuó
anticíclicamente pero no se puede
decir que los ingresos estructurales
hayan caído y, con lo cual,
no se puede descartar que la polí-
tica fiscal haya sido gradualista
por el lado de los ingresos.
La clave
En resumen, en vistas de que la
economía se halla por debajo de
su tendencia en 2016, y dada la
importante caída proyectada
del gasto público real y que los
ingresos estructurales se estarían
moviendo poco, se puede
argumentar que la política fiscal
ha sido estructuralmente contractiva
debido principalmente
al comportamiento del gasto primario
real. Si el Gobierno comunicara
esta dimensión –la política
fiscal estructural– tal vez el
anuncio de una estrategia fiscal
gradualista sería más creíble y
los mercados y las inversiones
no estarían afectados como algunos
analistas suponen.
El factor monetario
El segundo punto de esta columna
tiene que ver con la consistencia
de la política monetaria con el
gradualismo fiscal. Una meta de
desinflación más gradual alineada
con la meta fiscal gradualista
permitiría suavizar o mitigar los
costos de la estrategia desinflacionaria.
En primer lugar, una
meta de desinflación más gradual,
al reducir el rendimiento
esperado de los bonos del Gobierno,
permitiría desactivar varios
negocios financieros que conspiran
contra la inversión real. En
segundo lugar, con tasas de interés
ex ante más bajas en relación
a la inflación esperada, el influjo
de capitales que deprime el tipo
de cambio se reduciría atenuando
el proceso de apreciación cambiaria
real. Estas señales permitirían
acelerar la transformación
de la mejora efectiva de ingresos
y liquidez disponible en decisiones
de consumo e inversión.
Más allá de la necesidad de
delinear y comunicar en forma
transparente una estrategia de
convergencia fiscal y monetaria
gradual a un nivel de gasto y de
déficit fiscal más sostenible en
el tiempo, el Gobierno debería
también simultáneamente desarrollar
y/o comunicar mejor un
programa de reformas para activar
las fuentes de crecimiento y
mejorar la equidad conducentes
a mejorar la competitividad y
promover la inserción activa del
capital humano en procesos de
innovación.
La agenda
Ello incluye marcos regulatorios
procompetencia para que el
sector privado pueda asumir importantes
responsabilidades en
el desarrollo de infraestructura,
mercados de capitales e integración
a la economía global. Asimismo,
la nueva reforma tributaria
debería reducir los costos
no remunerativos del salario con
miras a mejorar el empleo formal
y la formalización de las Pymes.
A efectos de mejorar las condiciones
competitivas de las pymes,
se debería enmarcar dentro
del marco de defensa de la competencia
el poder monopólico de
los sindicatos –así como reducir
la litigiosidad laboral ilegítima
que desincentiva al igual que los
excesivos impuestos al trabajo
el empleo formal–. Más recursos
deberían dirigirse a apoyar
el emprendedorismo así como a
políticas activas que faciliten la
reconversión de capacidades en
el mercado de trabajo pensando
en la apertura gradual de la economía.
Finalmente, se deberían
profundizar las políticas de contención
social, salud y educación
compatibles con la equidad
y el desarrollo del potencial del
capital humano crucial para la
igualdad de oportunidades y el
crecimiento.
(*) Economista y presidente de
la desarrollista DESUR.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
viernes, 9 de diciembre de 2016
No es tanto lo que la
Economía puede hacer por el Real Estate
como lo que el Real Estate puede hacer
por la Economía.
Esta nota analiza la coyuntura desfavorable por la cual está
atravesando la economía, identifica los factores que posiblemente permitan salir
de la recesión destacando el rol que el Real Estate puede jugar para impulsar la
recuperación. Concluye con algunas opciones de política que el gobierno tiene
para contribuir al rebote cíclico y para crear condiciones para una senda de
crecimiento sostenido.
Lo malo. La caída
intermensual de la actividad económica en Octubre y la caída acumulada durante
el 2016 fue mayor a la esperada. A pesar de su volatilidad, las en promedio elevadas
tasas de interés – en relación al dólar futuro – conspiran contra la
recuperación de la inversión. Las correcciones de precios relativos (tipo de
cambio, retenciones y tarifas) conllevaron aumentos de precios mayores a los
aumentos de salarios y del gasto público nominal implicando caídas reales del
salario, del consumo y del gasto público; estas caídas no fueron compensadas
por mayores exportaciones y la inversión que muestra una caída en el primer
semestre. La pobreza mayor al 30%, a pesar del mayor gasto social, no da
síntomas de mejoría.
La falta de una trayectoria creíble de convergencia del
déficit fiscal a niveles sustentables a mediano plazo (niveles de déficit que
estabilicen la relación deuda-producto) deja a la política monetaria sola en la
batalla por reducir la inflación. Ello ocurre porque el ancla fiscal es lo que
le da sostén a la política monetaria en el mediano plazo – si los niveles de
deuda que financian al déficit se vuelven insostenibles, aumenta el riesgo de monetización
de los déficits y la restricción monetaria deja de ser efectiva. Así las expectativas
de menor inflación son sólo alimentadas por el pilar monetario; si la expansión
monetaria que surge de la meta de inflación del BCRA es menor a la expectativa
de inflación (que guía las demarcaciones de precios) debido a una estrategia
fiscal insostenible, se fuerza el ajuste por cantidades lo que implica menor
actividad económica. El correlato financiero es que, para alcanzar la meta de
inflación, el BCRA se ve obligado a fijar tasas de interés domésticas más
elevadas lo que vuelve atractivas inversiones financieras en detrimento de la
inversión real. A su vez, el financiamiento externo de los déficits fiscales
genera ingreso de divisas que inducen apreciación cambiaria generando problemas
de competitividad.
Tampoco ayudan los factores externos: i) los recientes aumentos
de las tasas de interés de mediano y largo plazo tras la victoria de Trump en
EEUU; ii) la posible caída del precio de commodities
en dólares asociados al fortalecimiento del dólar; y iii) la desaceleración del
comercio mundial y un mayor riesgo de proteccionismo a nivel global (en
contraposición a la apertura que propone el gobierno).
Lo bueno. Al
comienzo fue la salida ordenada del cepo, el reordenamiento (desordenado) tarifario,
la normalización del INDEC, el arreglo con los holdouts y la eliminación de retenciones al agro. Asimismo el
pasaje por el Congreso de varias leyes tras positivas negociaciones con la
oposición incluyendo la ley de sinceramiento fiscal y la ley PYME. Más
recientemente la caída de la inflación, la mejora en el índice de confianza del
consumidor de la UTDT, el éxito del sinceramiento fiscal del efectivo, y (aunque aún no marca tendencia) la caída
en la tasa de desempleo. Hay además brotes verdes en el agro, la energía y en
menor medida las telecomunicaciones y la minería. Aunque la caída del déficit
fiscal no parece vaya a ser significativa, hay al menos una contracción del
gasto público real – el gasto primario consolidado creció 32% en el acumulado a
Enero-Octubre 2016 versus un aumento del IPC más cercano al 40% en igual
período. En la medida que los ingresos – que guardan una estrecha relación con
el PBI – se recuperen, el menor gasto real podría implicar una mejora automática
del balance fiscal.
Los siguientes factores contribuyen a la recuperación:
i)
Factores que impactan en el consumo: la
reparación histórica con los pensionados; los paquetes de emergencia social; mejoras
en las asignación universal y las jubilaciones; el bono de fin de año; las revisiones
del impuesto a las ganancias.
ii)
Factores que impactan en la inversión: el
ambicioso plan de obras públicas (tras una parálisis inicial y lenta
recuperación) será un dinamizador de industrias relacionadas y del empleo en la
construcción; un nuevo marco regulatorio para inversiones público-privadas en
las áreas de infraestructura generará demanda de empleo y mejoras en la
competitividad (el gobierno espera inversiones de US$30.000 millones); el
sinceramiento fiscal (a juzgar por el blanqueo de efectivo) alcanzará valores superiores
a los US$60.000 millones y contribuirá a dinamizar inversiones en el país
previamente limitadas por la imposibilidad de justificar el origen de fondos.
iii)
Otros factores que dinamizarán la demanda
agregada: el crecimiento del crédito doméstico al sector privado (17,6%
anualizado creció en el tercer trimestre el crédito de la banca privada
nacional) facilitado por menor inflación, menores tasas de interés y nuevas fórmulas
de indexación; el fuerte aumento del financiamiento externo al soberano y a las
corporaciones (US$25.000 millones a Octubre); e importantes anuncios de
inversión directa extranjera (US$58.300 millones en 2016-19 según el sitio del
Ministerio de Hacienda).
iv)
Los brotes verdes en agricultura, agroindustria
y energía se podrían extender a otros sectores (minería, infraestructura,
sectores tecnológicos) en la medida que los marcos regulatorios público-privados
y el financiamiento multilateral y privado externo faciliten la inversión, se
terminen de eliminar las distorsiones de precios relativos y se asegure una
relativa estabilidad tributaria.
v)
Más adelante, la reforma tributaria, si logra
ampliar la base imponible tras el sinceramiento, podría bajar la presión
impositiva (menores alícuotas) y permitir una reducción de los impuestos al
trabajo (los aportes patronales están entre los más altos de la región) favoreciendo
el empleo formal; asimismo la simplificación del régimen tributario y reducción
de alícuotas podría beneficiar a PYMES a la vez que contribuiría a una mayor
formalización mejorando su potencial de financiamiento y competitividad.
vi)
La posible estabilización de Brasil en 2017 – la
caída interanual del PBI viene reduciéndose en 2016 – contribuirá a que dicho
país deje de ser un factor de contracción de la economía argentina.
vii)
En este contexto, e impulsado fuertemente por el
blanqueo, la demanda de Real Estate
puede ser uno de los principales canales de transmisión de mejores expectativas
que se traduzcan en inversión efectiva.
¿Porqué el Real Estate ayudará? Los fondos del
sinceramiento fiscal están disponibles para inversiones locales en Real Estate desde fines de octubre
(blanqueo de efectivo) pero seguramente serán mucho más importantes a fin de
año cuando vence el plazo (a la tasa más conveniente) para casi todas las
formas de exteriorización de activos. Esto impactará fuertemente sobre la
demanda de Real Estate – como de
hecho viene produciéndose desde Noviembre a raíz del sinceramiento de efectivo.
A esto se sumará la nueva demanda originada a través de los nuevos fondos
cerrados inmobiliarios que están exento del impuesto al blanqueo (se estima que
podrían superar los US$1000 millones).
Algunos proyectos inmobiliarios encuentran frenados por el
fuerte alza de los costos en dólares. La mayor demanda del sector que se
observa recientemente va dirigida a inmuebles usados o a estrenar construidos
con costos históricos más bajos. En la medida que el stock de lo ya construido
se vaya agotando, los nuevos emprendimientos con costos más altos se traducirán
en aumentos de precios de las nuevas unidades. La repatriación de capitales, la
inversión extranjera y el financiamiento externo seguirán impulsando aumentos
en los ingresos y precios de la propiedad medidos en dólares. Los efectos
riqueza que el aumento del precio de la propiedad genera suele ser un factor de
estímulo del consumo.
La dinámica mencionada se ve avalada por el aumento en el número
y el valor de las escrituras (el valor en CABA aumentó 80 % en el acumulado de
los primeros 10 meses), el aumento del crédito hipotecario (un 30% más de
escrituras con hipoteca en los primeros 10 meses de 2016) , y las mejoras de
los precios medidos en dólares de la propiedad (entre 5% y 10% en un año en
CABA). El impacto conjunto de la reactivación de las construcciones privadas y la
obra pública traccionará sobre las entregas de cemento y otros insumos de la
construcción y sobre todo el empleo (dado que la construcción es uno de los
rubros más empleo-intensivos) contribuyendo así a la recuperación.
El déficit habitacional, el insuficiente desarrollo de
centros comerciales, logística, y oficinas, la sub-oferta residencial de
calidad orientada a la clase media, y el déficit de infraestructura turístico entre
otros, son algunos de los factores estructurales que avalan potencialmente
importantes inversiones en el sector. La inversión privada en propiedades es
complementaria de la inversión en infraestructura pública y privada que el
actual gobierno apunta a mejorar.
En el proceso de apertura propuesto, la inversión nueva se
destinará a sectores atrasados con potencial de integración a la economía
global. Además del Real Estate, la
inversión nueva se orientará a sectores como el agropecuario, la agroindustria,
la minería, la energía, las telecomunicaciones, la minería, y la producción de
conocimiento y cultura (uno de los sectores de mayor crecimiento de
exportaciones). La dinámica de estos sectores implicará asimismo nuevas
oportunidades para el Real Estate,
sector que a su vez enfrenta desafíos importantes para mejorar su productividad,
eficiencia y calidad de diseño en función de los cambios tecnológicos y los
procesos de innovación.
Los - continuos - desafíos del gobierno:
matriz para un plan. El gobierno debería delinear y comunicar en forma
transparente una estrategia de convergencia fiscal gradual a un nivel de gasto
y de déficit fiscal más sostenible en el tiempo. Debería también
simultáneamente desarrollar y-o comunicar mejor un programa de reformas para
activar las fuentes de crecimiento y mejorar la equidad conducentes a mejorar
la competitividad y promover la inserción activa del capital humano en procesos
de innovación. Ello incluye marcos regulatorios pro-competencia para que el
sector privado pueda asumir importantes responsabilidades en el desarrollo de
infraestructura, mercados de capitales e integración a la economía global.
También requiere importantes reformas en la estructura tributaria, políticas de
innovación activas y reformas del mercado laboral para reducir la informalidad,
facilitar la mobilidad, y alinear incentivos al desarrollo y la inversión con
los intereses de los trabajadores. Finalmente exige políticas de contención
social, de salud y educación compatibles con la equidad y potenciar el capital
humano para el crecimiento.
Finalmente quedan un par de consideraciones macroeconómicas:
A. Entre las reformas fiscales que deberían encararse está la
fijación de metas fiscales estructurales. Ello implica adoptar una meta de
balance fiscal que sea neutral en relación al ciclo económico; el balance
fiscal estructural es el balance que resulta de ajustar los ingresos y egresos
estatales en función de la fase del ciclo económico por el cual la economía
transita. Por ejemplo, dada la relación positiva entre la recaudación y el PBI,
los ingresos públicos estructurales se calculan reemplazando la recaudación
efectiva por la recaudación que resultaría si el PBI estuviera en su nivel
tendencial. De este modo, si la economía está por debajo de su tendencia (como en
2016), y dado un cierto gasto público real, se podría admitir un nivel de
déficit corriente más elevado que el estructural debido a que el ingreso
estructural sería más alto que el de los ingresos corrientes. Del mismo modo se
podría reemplazar el gasto primario por el gasto primario estructural en la
medida que haya componentes del gasto que dependen del nivel de actividad (por
ejemplo, los planes parea desempleados). Con una meta de balance estructural
consistente con un nivel sustentable de deuda, la política fiscal naturalmente
jugaría un rol anti-cíclico contraponiéndose al carácter pro-cíclico que
históricamente ha tenido. Al mismo tiempo, el posiblemente elevado déficit
fiscal del 2016 podría ser reinterpretado como un déficit estructural
considerablemente más bajo debido a ingresos estructurales más altos y egresos
estructurales más bajos que los que el déficit corriente mide.
B. En vista del gradualismo comprometido por el gobierno, el
BCRA debería fijar una meta de desinflación más gradual. Sin abandonar la
credibilidad que ya se ha ganado, una meta de desinflación más gradual permitiría
desactivar una buena parte de los negocios financieros que conspiran contra la
inversión real y a la vez lograría atenuar el proceso de apreciación cambiaria
incipiente. Estas señales, permitirían acelerar la transformación de la mejora
efectiva de ingresos y liquidez disponible en decisiones de consumo e inversión.
lunes, 28 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
Cultura económica,
instituciones, desarrollo económico e inclusión.[1]
Como en casi todos los países, en el nuestro existen conflictos de
naturaleza política, económica y social. Lo que es más específico del caso
argentino es que en la puja por resolverlos, se suelen elegir fórmulas que dejan
a todos (o a la gran mayoría) peor. Es difícil consensuar lineamientos básicos
que convienen a todos y que no anulan los conflictos pero que los relativizan y
los ponen en perspectiva de lo que pueden ser las bases para un crecimiento
económico sostenido e inclusivo. Éste déficit se puede rastrear a una falta de
sofisticación de la clase política – al no filtrar los escenarios sub-óptimos –
pero en última instancia es responsabilidad de los ciudadanos que avalan a los
políticos. Por ello, la verdadera revolución de las ideas debe ganar
protagonismo en la población para lo cual es crucial mejorar la cultura
económica de los ciudadanos. El objetivo de esta nota es precisamente
contribuir un grano de arena al desarrollo de la cultura económica general.
Para ello, se propone un método simple e ilustrativo a través de ejemplos o
casos.
Hay países que han logrado sentar bases de acuerdos
multipartidarios – por ejemplo España con el Pacto de Moncloa y la Unión
Europea con la creación del mercado único de bienes, servicios y factores. En
dichos casos, se ha optado por sentar acuerdos de gobernabilidad, definir
intereses comunes que benefician a la nación o región en su conjunto y en
general definir mecanismos y o instituciones de interacción social para hacer
cumplir directrices en materia de política económica. Estas bases o acuerdos
son respetados por los partidos políticos generando así estabilidad de reglas
de juego y, en algunos casos, racionalidad en las políticas que obligan a los
partidos políticos a focalizarse en un subconjunto de programas donde dicha
racionalidad no está establecida o bien donde prima el conflicto de intereses.
La alternativa es un sistema expuesto a giros copernicanos en la
estrategia económica, inconsistencias recurrentes, incapacidad de aprendizaje,
populización de las agendas y – en última instancia como resultado - una
decadencia crónica en el desarrollo relativo del país.
Los cambios culturales propuestos deben ir acompañados de reformas
institucionales que le den cuerpo y continuidad a las reformas que surjan del
cambio de paradigmas. Por ejemplo, los beneficios de la competencia para la
sociedad requieren una oficina de defensa de la competencia y de protección del
consumidor capaz de vehiculizar los reclamos que la nueva conciencia podría
generar.
Esta nota pretende ejemplificar a través de casos como el cambio
cultural y el cambio institucional asociado podrían contribuir a favorecer el
desarrollo económico. En economía, a menudo se confunde el efecto directo
inicial de una medida o una regulación con los efectos secundarios y el
conjunto de interacciones que en una economía se producen al tener en cuenta el
conjunto de actores y sus comportamientos en respuesta a dicho cambio. Los casos aquí planteados pretenden
ilustrar justamente esa diferencia y de ese modo permiten entender la
importancia de que los ciudadanos comprendan los efectos netos (incluyendo las
interacciones) de las políticas en juego. En términos metodológicos, el
análisis de los efectos secundarios y el conjunto de interacciones a que puede
llevar una política particular se puede evaluar a través de modelos de
equiibrio general de la economía – y en particular se suelen aplicar modelos de
equilibrio general computado[2].
Caso 1. Sindicatos y empresas concentradas – Impacto en el
nivel de empleo y desarrollo de las PYMES. Sindicatos y empresas concentrados pueden acordar salarios y
beneficios sociales que limitan el desarrollo de las PYMES – consolidando así el
monopolio de las empresas dominantes – y a la vez dificultando el empleo formal
fuera de las empresas concentradas.
El resultado es: informalidad laboral, desempleo formal y limitado
potencial de las PYMES.
La solución requiere el fortalecimiento de la defensa de la
competencia para limitar el poder monopólico de empresas y sindicatos. En
particular, dicha estrategia debería permitir que el salario negociado en el
sector concentrado y de alta productividad no se fije a un nivel que puede
resultar elevado (dado el diferencial de productividades) para las PYMES del
mismo sector. Los sindicalistas (y los legisladores) deben comprender que el
costo de fijar un salario alto en negociaciones con empresas concentradas y de
alta productividad (que por ende pueden pagar sueldos más altos) deja fuera del
mercado – desempleados - a empleados que de otro modo podrían obtener empleo en
las PYMES o empresas de menor productividad en el mismo sector. El cambio
cultural requiere divulgar las reglas de juego de una economía de mercado que
incluye la dinámica y el sentido de la competencia en particular teniendo en
cuenta este tipo de situaciones. La libertad de afiliación o la posibilidad de
competencia entre sindicatos permitirá aumentar la demanda de trabajo formal
mejorando la posibilidad de las PYMES de competir contratando empleo formal.
Caso 2. Proteccionismo, eficiencia y bienestar de los
consumidores. Las empresas están habituadas a exigir cierto grado de proteccionismo
para poder confrontar procesos de globalización ante condiciones de inversión
doméstica adversas. Políticamente, la industria coincide en sus reclamos con
las sindicatos a favor de la protección para preservar puestos de trabajo. El
resultado es baja productividad, empleos de baja calidad, productos caros para
el consumidor e insumos costosos para los sectores productivos. Esto implica pérdidas
de eficiencia en la especialización que da lugar a sectores más dinámicos y rentas
elevadas para las empresas protegidas. El debate público reconoce los
beneficios del proteccionismo (puestos de trabajo en el corto plazo) pero por
lo general niega o desconoce los costos de mediano y largo plazo (costos para
consumidores, empleo de calidad, ineficiencia del sector e inclusive el nivel
de empleo).
El cambio cultural requiere educación sobre los beneficios
de la competencia y la apertura dirigida a consumidores y el potencial de
empresas de competir a escala global en base a acceso a insumos más baratos y competitivos.
También se debe destacar el impacto en productividad, salarios y empleo de
calidad. Datos que muestren el diferencial de crecimiento económico, mejoras
salariales y empleo a favor de economías que se abren al comercio internacional
pueden contribuir a mejorar la comprensión del impacto de las políticas
comerciales.
Desde ya que una apertura rápida e indiscriminada
arrastraría el fantasma del cierre de empresas y pérdida de empleos. Los
cambios drásticos suelen en efecto arrastrar consecuencias sociales durante el
proceso de transición y más allá de la necesidad de diseñar cambios graduales
es fundamental complementar las reformas con otras reformas que faciliten la
reasignación de factores productivos a los sectores y o empresas más dinámicas
evitando el desempleo más que temporario. Esto exige políticas activas de
seguro de desempleo, leyes laborales que promueven o facilitan la movilidad
laboral; un sistema financiero que permita la reasignación de factores
productivos a los sectores con mayor potencial – capital móvil – y
financiamiento. La discusión pública debe ahondar en los costos que la rigidez
laboral y el subdesarrollo financiero agregan a los procesos de apertura a
mayor competencia. Dicha discusión debe ser el preludio de reformas
estructurales que reduzcan el costo de despido, el reentrenamiento laboral y el
costo del desempleo (seguro de desempleo). En general, las decisiones sobre
cambios en la estructura productiva inducidos por procesos de apertura merecen
una discusión amplia basada en una buena comprensión cabal de quienes ganan y
quienes pierden y por ende de los mecanismos compensatorios que se deben
activar para asegurar que el beneficio social supere el costo social. En
particular, la reducción del proteccionismo afecta intereses rentísticos que a menudo están enquistados en las
instituciones y los partidos políticos. La desarticulación de dichos intereses
requiere como precondición una firme voluntad de erradicar la corrupción así
como una conducta ejemplar y en lo posible no ideológica de los reformistas.
Ejemplo 3. Déficit fiscales, tipo de cambio y empleo.
A menudo existe una opinión pública favorable al aumento del gasto público aún
a expensas de déficit fiscales para asegurar el crecimiento y el pleno empleo.
Esta vieja receta keynesiana puede sin duda tener sustento bajo condiciones de
desempleo elevado o alta capacidad ociosa en la industria. Pero a menudo se
generaliza y se la promueve aún bajo situaciones de baja capacidad ociosa y desempleo. En dichos
casos, el exceso de demanda que genera el sector público agrega presión
inflacionaria y atraso cambiario desplazando la demanda hacia productos
importados y generando eventualmente problemas de pérdida de rentabilidad y
empleo doméstico. En casos extremos, esto conlleva posibles crisis de balanza
de pagos cuando el crédito internacional se agota para financiar los déficit
comerciales. La corrección simultánea de los desequilibrios así generados
suelen estar asociados con procesos recesivos y de drásticas correcciones
fiscales y cambiarias con las consabidas
consecuencias sociales.
El registro histórico de estos fenómenos a través de los
recurrentes ciclos de expansión y contracción económica que se han producido en
la Argentina a lo largo de los últimos 70 años debería ser un material de
debate y divulgación. Y los políticos que usen o abusen de estos mecanismos deberían
recibir la condena por las consecuencias sociales y económicas. La enseñanza
debería apuntar a que la política fiscal puede jugar un rol anti-cíclico por
contraposición al rol pro-cíclico que a menudo ha tomado. También debería alertar
que el crédito internacional a menudo permite extender los períodos de
expansión pero que - a no ser que la expansión vaya acompañada de un proceso de
inversión – los mismos suelen provocar una crisis aún más cruenta que incluye
no solo a las dimensiones fiscal y de balanza de pagos sino también de la deuda.
Si bien la Argentina ha registrado estos ciclos de expansión
y contracción impulsados por políticas fiscales y crédito pro-cíclicos, dicho
fenómeno es o ha sido también recurrente en varios países y regiones del mundo.
A menudo las oportunidades de negocios del capital financiero brindan crédito
sin sopesar si el destino del mismo es inversión productiva o no y de ese modo
puede ser un factor importante de profundización del ciclo. Asimismo, el horizonte
político corto de los gobiernos es uno de los factores que más contribuyen a generar ciclos y
políticas fiscales procíclicas en todo el mundo.
Ejemplo 4. Corrupción y Eficiencia económica. El comportamiento de empresarios
extorsionados por reguladores o gobernantes y avenidos a destrabar un negocio a
través de connivencia en un acto de corrupción puede ser beneficioso para la
empresa privada pero acarrea un costo social elevado. Más allá de la ilegalidad
de participar en un acto de corrupción para obtener un permiso, certificado, o
habilitación implica una inequidad para los competidores honestos - por ende
menor competencia – y también un encarecimiento del costo del producto para los
consumidores finales. O sea la sociedad pierde por no cumplirse las leyes –
cualquiera sea el objeto de la misma - , por menor competencia (o competencia
desleal) y por un encarecimiento del producción implicando una pérdida de
bienestar para la población.
Las campañas de información deberían ayudar a comprender
cual es el costo de la corrupción – que va más allá del delito en si mismo – y
quien lo paga. Equivale a un impuesto adicional pero sin contrapartida de
servicios públicos – más bien rentas apropiadas por privados corruptos. Asimismo,
el gobierno debería promover las reformas institucionales para que las penas
por corrupción sean ejemplares elevando la percepción de riesgo y condena moral
de quienes cometen los actos de corrupción – tanto del lado de las autoridades
como del lado de los privados.
La corrupción – especialmente si es generalizada - tiene importantes externalidades negativas
que trascienden el costo económico. En particular, puede “distraer” al político
de dedicar su tiempo a hacer y aprender a hacer buena política, aleja de la
política a personas que no quieren entrar en la corrupción y “convierte” a personas
honestas en corruptas. Esto trae no sólo un enorme costo de oportunidad en la
calidad de la política sino también en la calidad de vida de las personas que
de algún modo u otro son apartadas de una vida honesta y saludable.[3]
Ejemplo 5. Política tributaria y evasión impositiva.
La evasión de impuestos por algunos obliga a subir la alícuota de los que
pagan. Ello conduce a una economía dual con un sector informal y un sector
formal cuya competitividad se ve cercenada. La informalidad que por lo general
recae en las PYMES a su vez alimenta la informalidad laboral lo que conspira
contra el alcance de la seguridad social. También la informalidad de las PYMES
les impone un techo a su crecimiento, al acceso al crédito y en general a su
integración a la economía global.
También la incertidumbre de la política tributaria – ligada
a la frecuente adopción de impuestos de emergencia que luego se perpetúan o
bien impuestos sectoriales arbitrarios – desincentiva la formalización
confinando a vastos sectores del empresareiado a quedar marginado de los
procesos de integración comercial, crédito e innovación.
La reforma tributaria debería apuntar a alícuotas más bajas,
con menores costos burocráticos y de cumplimiento de la obligación, con mayor
certeza tributaria, y con penalidades más severas para la evasión. El cambio
cultural debería apuntar a mejorar la conciencia ciudadana sobre el impacto de
la discrecionalidad fiscal sobre la evasión y de la evasión sobre la inequidad
- tanto en relación a los competidores formales como a los trabajadores.
Ejemplo 6. Competencia regulatoria e impositiva a nivel
de gobiernos locales. Algunos municipios ofrecen menos trabas regulatorias
e impuestos para atraer inversiones generando un desplazamiento de la actividad
hacia los mismos generando procesos de suburbanización que terminan siendo
ineficientes en cuanto a uso del suelo, planificación del territorio y
contaminación ambiental. Cuando existe coordinación entre entes municipales a
nivel regional se suele planificar mejor los sistemas de transporte, el uso del
suelo y la gestión ambiental. Las
ciudades que así emergen suelen ser más verticales y eficientes en el uso de la
infraestructura y por la misma razón permiten mayor cantidad de espacios verdes
que son tanto deseables para los individuos que viven la ciudad así como para
el medio ambiente – al reducir las necesidades de transporte, el costo de
calefaccionar o enfriar viviendas con los consecuentes ahorros de energía.
El mejoramiento de estas situaciones se puede lograr creando
entes inter municipales – por ejemplo una autoridad metropolitana de transporte
y gestión ambiental - y a la vez publicando notas generando conciencia ciudadana
acerca de los beneficios de la planificación y gestión conjunta o coordinada. La
alternativa suele ser desbordes de las ciudades hacia los suburbios con altos
costos de congestión y contaminación e ineficiencias en la provisión de
infraestructura.
Ejemplo 7. Crédito formal vs crédito informal. El diferencial de costo del crédito
formal frente al informal es abismal. Lo paradójico es que si no fuera por la
formalidad, a menudo el riesgo crediticio y por ende el diferencial de costo de
financiamiento no sería tan diferente. Esto obviamente perjudica a la empresa
informal y en general a la PYME. A menudo el emprendedor desconoce la magnitud
del diferencial y en todo caso no lo internaliza en su ecuación de negocio.
Pero las condiciones que fuerzan dicha situación lo exceden, por ejemplo, los
incentivos a la informalidad descritos anteriormente.
La ilustración y divulgación de este fenómeno con ejemplos
sería una manera de concientizar al empresario informal sobre el
costo-beneficio de la informalidad. En lo institucional, resulta claro que el
gobierno debería bajar el costo de la formalidad para las PYMES. Para ello
podría disponer alícuotas y regímenes tributarios preferenciales pero también
una reducción significativa del peso de la burocracia en la apertura y cierre
de firmas, contratación y despido de personal, obtención de permisos y
licencias, el costo y tiempo de pagar los impuestos, la aplicación y aprobación
de préstamos productivos, la creación de un sistema de garantías recíprocas
como el que ya existe pero que permita reducir el costo de fondeo de los
informales a través por ejemplo de garantías reales, y promoción de la
competencia en el sistema financiero incluyendo a través del mayor uso de la
tecnología.
Ejemplo 8. Sistema financiero e igualdad de oportunidades.
Un sistema financiero profundo – con un elevado nivel de intermediación
financiera – facilita la reasignación de factores productivos de los sectores o
empresas que pierden competitividad hacia aquellos que ganan dinamismo por
tener mayor potencial. También el sistema financiero puede jugar un rol
importante más directo desde el punto de vista social generando oportunidades a
micro-emprendedores, particularmente, en el sector informal. En dicho segmento el
acceso al capital suele tener elevados retornos.
Es importante explicar a la población la importancia del
crédito como igualador de
oportunidades en las instancias mencionadas. En lo institucional, el
requerimiento pasa por reducir barreras de entrada, una buena regulación para
proteger a los consumidores y usuarios, y la ampliación del marco regulatorio
permitiendo e incentivando la competencia dentro de cada subsector financiero y
entre subsectores financieros para extender el crédito – que puede ir
acompañado por subsidios - a los sectores más vulnerables.
Ejemplo 9. Inversión en educación y salud versus
subsidios. Uno de los mecanismos por los cuales se propaga la desigualdad
es la mala atención en salud y mala calidad de educación que recibe la
población de menores ingresos. En una economía cuyo dinamismo depende en forma
creciente de la capacidad innovadora del capital humano, la igualdad de
oportunidades por acceso a la educación y a la salud resulta crucial. De ese
modo los programas de mejora de acceso a la salud y educación desde edad
temprana – 2 años – tiene un impacto sobre la igualdad de oportunidades
crítico. Dichos programas son una inversión en capital humano y tienen por ende
un impacto más persistente y sostenido que los programas de asistencia social o
subsidios al consumo que sólo remedian transitoriamente las necesidades insatisfechas.
La pobre comprensión acerca de la diferencia entre un plan
de inversión en capital humano y la asistencia social – que es un gasto
corriente – lleva por lo general a una discusión poco estratégica en la
asignación de las partidas presupuestarias. En el primer caso, se ataca la
oferta de factores, en el segundo se atiende la demanda. La mejora en la oferta
de capital humano mejora el potencial de ingresos en forma sostenida y por ende
genera un ahorro en la necesidad de asistencia futura. Los programas de gasto
público deberían ser evaluados teniendo en cuenta el impacto social de corto y
de largo plazo y su relación con el costo. En la medida que exista dicha
conciencia los políticas tendrán que discutir matices sobre cual es el tipo de
inversión y asistencia más efectivas y en todo caso cual es la relación de
sustitución entre ambas deseada. Igualmente, siempre existirá una tensión entre
el corto plazo (políticas asistenciales) y el largo plazo (inversión en salud y
educación) dado que los efectos de la inversión toman tiempo para arrojar
resultados y las necesidades urgentes suelen ser impostergables.
Ejemplo 10. Infraestructura y redistribución. Así como la oferta de salud y
educación impacta en la igualdad de oportunidades, la oferta de servicios
básicos como agua, cloacas y disposición de basura impacta en la salud y es a
través de dicho canal un gran igualador de oportunidades. Por supuesto que
otros servicios como la electricidad y el gas forman parte del bienestar y el
acceso a los mismos es vital como mecanismo de igualación; sin embargo, estos
por lo general tienen mayor cobertura de oferta y sólo en casos aislados es una
limitación para el desarrollo humano. Resulta inverosímil que gobiernos de
distinto corte político hayan ignorado la importancia del agua corriente
potable y sistemas cloacales popular dado el importante impacto sobre la salud
para los segmentos de la población más vulnerables.
La información que se debería transparentar es el costo en
salud de la ausencia de dichos sistemas y el nivel de cobertura de los
servicios por regiones y áreas. La clase política debería tratar estos temas
como una obligación social inalienable para satisfacer los derechos de los
ciudadanos – la ausencia de dichos servicios debería estar sometida a la
posibilidad de juicios al estado y los gobiernos responsables por su
incumplimiento.
Ejemplo 11. Política monetaria y el impuesto
inflacionario. A menudo las presiones para aumentar el gasto público deben
ser satisfechas bajo el pretexto de asegurar la gobernabilidad. Por lo general
el gasto público tiene beneficiarios diversos – los subsidios de la energía y
el transporte han beneficiado a una amplia gama de sectores – sin alcanzar el
beneficio redistributivo que a menudo se atribuye. La financiación del gasto
público financiada con emisión monetaria termina teniendo impacto sobre la
inflación. La inflación destruye el valor de la moneda y perjudica
principalmente a aquellos que no tienen cultura financiera, están en situación
de mayor vulnerabilidad económica, y con menor alcance al sistema financiero
formal. La pérdida de valor del
dinero por efecto de la inflación es lo que se denomina impuesto inflacionario.
En general el impuesto inflacionario pesa más sobre los sectores más
vulnerables y por eso se dice que es un impuesto regresivo.
La cultura de quien paga la inflación debería divulgarse con
ejemplos concretos y didácticos. Por ejemplo, con mediciones de la pérdida de
poder adquisitivo por efecto de la erosión del valor de los activos monetarios
en manos de la población de menores ingresos. Ello evitará que un político
oportunista pueda subrogarse poderes para aumentar el gasto irresponsablemente
y financiarlo con emisión monetaria inflacionaria.
Ejemplo 12. Tamaño del estado y eficiencia del sector publico.[4] Las discusiones sobre el tamaño del estado adquieren a menudo un
carácter ideológico. Ello no ocurriría si las funciones del estado estuvieran
confinadas a la provisión de bienes públicos (seguridad, salud, ecuación, etc.)
y el estado operase con reglas de eficiencia. A menudo ocurre precisamente lo
contrario: el estado interviene en sectores en que podría no estar y lo hace a
un costo excesivamente elevado. A menudo se instala una burocracia corporativa
en el sector publico donde recalan y se apropian de ingresos muchos, que son
incapaces de competir bajo reglas de mercado. Es por ende importante definir
bien su rol y al mismo tiempo profesionalizarlo y mejorar su eficiencia. Las
instituciones públicas están a menudo plagadas de reglas formales para defender
grupos de interés.
Todo esto deberia simplificarse
y transparentarse. Debería
desarrollarse una cultura de eficiencia de la gestión pública y una cabal
comprensión de los bienes públicos que puede o debe proveer el estado. Hace
falta a la vez el desarrollo de una más efectiva escuela de gobierno que
permita profesionalizar al servicio civil.
Por supuesto que las lecciones de economía tienen un alcance mucho más amplio. El objetivo de esta nota es ilustrar a través de una serie de casos como se podría llegar a través de la divulgación de algunas lecciones a un conjunto de acuerdos programáticos que acercarían al país a una frontera de mayor eficiencia y equidad. La divulgación de una manera simple y entendible de cómo la economía funciona teniendo en cuenta el conjunto de interacciones entre los actores sociales y económicos ayudaría a que los políticos planteen disyuntivas más racionales en que el bien común estaría mejor preservado. El aprendizaje social contribuirá así a mejorar los mecanismos de competencia y solidaridad para que la economía alcance estándares de productividad y eficiencia que le permita recuperar un lugar de privilegio en la economía global así como una economía más inclusiva y equitativa.
[1] Agradezco
los valiosos comentarios del Licenciado Alejandro Miguel Segal y el Ing, <Diego
Serebrenik.
[2] Por ejemplo:
Un modelo de equilibrio general computable para la Argentina, PNUD Argentina y
Ministerio de Economía y Producción. El equipo fue dirigido por Omar O. Chisari
[3] Esta
observación me fue hecha por Diego Serebrenik.
martes, 6 de septiembre de 2016
La Consistencia Monetaria y Fiscal: Un poco de Aritmética (publicada en El Economista 6 de Septiembre 2016)
El potencial que tiene el banco central
para reducir la inflación con política monetaria (oferta monetaria) está
siempre condicionado por la política fiscal y de endeudamiento. Si el fisco no
reduce los déficits y no se financia en los mercados de deuda, la expansión
monetaria le sigue pero obliga al banco central a esterilizar al costo de
aumentar el déficit cuasi-fiscal. Ello permite mantener la meta de expansión
monetaria pero al costo de mayor deuda consolidada del sector público. Lo mismo
ocurre si el fisco no se disciplina y se financia emitiendo deuda directamente.
El límite de esta política de endeudamiento lo da el potencial de endeudamiento
sin que las tasas de interés y-o el servicio de la deuda genere una amenaza de
insostenibilidad de deuda (déficits fiscales crecientes debidos al aumento del
peso de la carga del servicio de deuda).
Ciertamente, la realidad es más compleja,
y no se puede descartar que la expansión fiscal – sobre todo bajo condiciones
de desempleo keynesiano - sea reactivadora y como tal rinda resultados en
términos de revertir el ciclo favoreciendo la recaudación y así reduciendo los déficits
y permitiendo una eventual reducción de deuda. Esta es la pregunta empírica
relevante hoy en la Argentina.
En las condiciones actuales – la
relativamente baja deuda (50% del PBI a precios corrientes a fines de 2015) y
desempleo elevado (9,3%) – el fantasma de la insostenibilidad de la deuda inducido
por expansión fiscal parece distante; aunque no remoto. Existe un fuerte interés
y potencial de tomar deuda en los mercados internacionales de capitales – en
los primeros 8 meses se han colocado cerca de US$30.000 millones (cerca de
US$20.000 millones corresponden al canje con los holdouts y recompra de cupones de PBI). Mejoras en el clima de
inversión explican que el rendimiento del BONAR 24 cayó de más de 9% hace un
año a cerca de 5% ahora. Por otro lado, las políticas fiscales activas –
preferentemente de carácter anti-cíclico – ayudarán a salir de la recesión sin
necesariamente elevar la carga fiscal futura. Por ejemplo, inversión pública o
transferencias a los sectores más vulnerables (seguro de desempleo) contribuyen
a a que la economía se recupere sin aumentar en forma permanente el gasto
público.
¿Bajo qué condiciones se puede
materializar este escenario? En el corto plazo: mientras la deuda no aumente
significativamente y no se generen dudas sobre la trayectoria de convergencia
fiscal a un ratio de deuda a PBI sostenible. Suponiendo tasas de interés internacionales
del 5% en dólares sobre la deuda y un nivel prudente de endeudamiento público
del 60% del PBI, la estabilización de la deuda en dicho valor requiere un
superávit fiscal equivalente a 1,2% del PBI – ello supone crecimiento económico
del 3%. En rigor el superávit fiscal podría ser menor en la medida que parte de
la deuda esté denominada en pesos no indexados pues la inflación erosiona el
valor de dicha deuda. Dado que el 26% de la deuda soberana está denominada en
pesos (excluyendo la deuda indexada) y la inflación es del 20% anual, un déficit
fiscal de 1,9% del PBI estabilizaría el ratio de deuda soberana a PBI en 60%.
La deuda pública rondaba 50% del PBI a
fines de 2015. Por ello, para converger al 60% del PBI hay margen con déficits
declinantes hasta alcanzar el déficit sostenible de 1,9% del PBI en los
próximos 4 años. La trayectoria actual de reducción del déficit podría ser:
5,8% en 2016, 4,8% en 2017, 3,8% en 2018, 2,8% en 2019 y 1,9% en 2020. De ello
se desprende que el margen de expansión de deuda existe pero debe ser graduado
con un criterio de convergencia gradual y sostenido.
Es posible que - en vista de los fuertes
ingresos de capitales esperados a raíz
del blanqueo y del reingreso de Argentina a los mercados voluntarios de
deuda- se produzca un proceso de
apreciación cambiaria real. Esto a su vez puede inducir una reducción del ratio
de deuda a PBI (debido a que la mayor parte de la deuda está dolarizada y el
PBI contiene un mix de transables y no transables). Dicha apreciación es
posiblemente transitoria dado que en general la productividad no crece tan
rápido para sostenerla. Por ello es importante fijar la meta fiscal del ratio
de deuda a PBI evitando la volatilidad del tipo de cambio real – tomando un
tipo de cambio real que es razonablemente coherente con el equilibrio de las
cuentas externas. De lo contrario se puede tener la ilusión de un endeudamiento
que es pequeño en relación al PBI y
puede engolosinar al gobierno con más endeudamiento del que es sostenible
cuando el tipo de cambio se corrija en el futuro.
El anuncio de un programa creíble de
convergencia fiscal es crucial no sólo para los mercados de capitales en el
mediano plazo sino también para disipar el riesgo de monetización – licuación
de la deuda a través de un shock inflacionario – en el corto plazo. Dicha
estrategia puede ser gradualista pero para ello debe ser creíble.. ¿Creíble
para quien? En base a qué una política es creíble y otra no? Debe ser aceptada
por formadores de precios incluyendo sindicatos, asociaciones empresarias,
gobiernos municipales y provinciales, inversores, etc. Creíble significa sobre todo que es viable políticamente.
La viabilidad política depende no sólo de las medidas sino también de cómo se
ejecutan y cómo se comunican. Esto requiere además de destreza técnica, la
búsqueda de consensos – particularmente para un gobierno que no tiene mayorías
en el Congreso –, habilidad política y capacidad de persuasión para alinear
expectativas.
El gradualismo consensuado y creíble
permite distribuir en el tiempo los costos del ajuste dando una oportunidad
para que el crecimiento económico compense las caídas de las transferencias
estatales. Por ello el gradualismo es también más creíble dado que minimiza el
impacto social de la convergencia fiscal. También el anuncio de pautas de
convergencia fiscal aumenta la credibilidad de la política monetaria – al
reducir el riesgo de una monetización sorpresiva de la deuda. Esto a su vez facilita
que se alineen expectativas de inflación de los distintos actores económicos reduciendo
sobre ajustes de precios que implican luego grandes ajustes en las cantidades
vendidas (exacerbando la recesión).
Por último, el
programa de convergencia fiscal implica una caída de demanda de bienes
transables. Para restablecer el equilibrio en dicho mercado se requiere un tipo
de cambio más competitivo. En ese sentido el plan de convergencia fiscal
también permitirá mitigar las presiones de sobre apreciación cambiaria
originadas en ingresos de capitales.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Construcción – ¿Impulsará
el crecimiento en el segundo semestre?
publicada en La Nacion Propiedades el 3-9-2016
En el primer semestre el indicador sintético de la
construcción cayó 12,4% constituyéndose en uno de los principales factores
retracción de la actividad económica. ¿Será un factor de impulso en el segundo
semestre? Una serie de indicadores
dan lugar a un prudente optimismo.
El total de escrituras en la Capital Federal aumentó un
13,8% en el primer semestre; el monto en valor de las transacciones aumentó un
72%. Según el INDEC, la superficie cubierta autorizada para ser construida en
41 municipios de todo el país aumentó en el segundo trimestre 2%. El índice de
venta de insumos de la construcción de empresas líderes aumentó los últimos
tres meses.
El aumento en el número del proyectos presentados en subsectores estratégicos - oficinas
comerciales y depósitos – es auspicioso. Las expectativas favorables han
impulsado aumentos del valor de la tierra de hasta el 30% anual en dólares. El
subsector de centros comerciales - con bajos niveles de penetración – y el de
logística – con costos elevados – aguardan inversiones.
Tal vez el factor que
puede impactar más sobre el sector inmobiliario en el corto plazo es el
blanqueo. Aumentará la demanda de compradores que no pueden justificar ingresos
y también de fondos de inversión con exenciones impositivas.
Los factores macro también ayudarán. La obra pública debe
compensar la sub-ejecución del primer semestre (28% del presupuesto). A la
demanda derivada de mayor inversión en sectores como el agro, la energía y las
telecomunicaciones se sumará la demanda de consumidores debido a: la reforma
previsional; la menor inflación; la estabilización de Brasil; y el forzado
gradualismo tarifario. Una estrategia de corrección tarifaria gradual y
consensuada potenciaría esta demanda.
A mediano plazo, el factor que más impactará en el
desarrollo del sector es el desarrollo del crédito hipotecario. La Argentina
tiene 5 veces menos crédito hipotecario que el promedio de América Latina. Los
nuevos instrumentos de crédito indexados, la caída de inflación, el desarrollo
del mercado de capitales y los subsidios al crédito ayudarán a revertir dicha
tendencia.
La caída del precio de la propiedad en pesos de valor
constante y la expectativa de apreciación en dólares fortalecen la demanda de
inmuebles como activo financiero. Dicha expectativa está alimentada por fuertes
ingresos de capitales – cerca de US$25.000 millones en el primer semestre. Sin
embargo, la apreciación excesiva reduce la competitividad del sector - al
aumentar los costos de construcción en dólares - y exige responsabilidad fiscal.
En resumen, la obra pública y la inversión inmobiliaria
impulsarán la recuperación de la construcción durante el segundo semestre. La
consolidación de dicho proceso requiere una estrategia consensuada de
convergencia fiscal y tarifaria crucial para que se materialicen inversiones,
reducir la incertidumbre de consumidores y el riesgo de sobre valuación
cambiaria.
sábado, 20 de agosto de 2016
Real Estate y la
Construcción - Llegó el segundo semestre…
La estrategia oficial apunta a que los principales factores
de reactivación sean las exportaciones y la inversión. En el primer semestre
mejoraron los volúmenes de exportaciones agropecuarias y de manufacturas de
orígen agropecuario cerca de un 20%; el resto de las exportaciones de
manufacturas cayeron. No existen datos aún de inversión agregada pero sí
evidencia parcial de aumentos de inversión en sectores como el del agro, la energía
y las telecomunicaciones. El segundo trimestre mostró un fuerte aumento de la
inversión externa directa y de portafolio superando a los niveles de los 4 años
anteriores; no obstante, la inversión en su conjunto aún estaría en caída según
estimaciones privadas. En la medida que la estrategia del gobierno basada en
mejoras en el clima de inversión se consolide - eliminación de distorsiones tarifarias, eliminación del
cepo, salida del default, desregulación, reformas de mercados de capitales - la
inversión agregada mejorará. Entre los sectores con capacidad de recibir
fuertes inversiones se encuentran: agro negocios; minería; energía;
telecomunicaciones; bancos y mercados de capitales; logística y transporte y la
construcción.
El consumo por su parte puede terminar jugando un rol más
importante en la reactivación de lo que inicialmente se proyectaba. A ello
contribuye la política previsional (reconocimiento de derechos adquiridos), la
estabilización de precios (la inflación cayó a 2% en Julio) y el gradualismo
tarifario (en parte programado y en parte forzado recientemente por la Corte
Suprema). Ello implica un gradualismo fiscal conducente a una retracción más
moderada del consumo – y a la vez un descenso más gradual de la inflación. El sector
manufacturero, si bien en contracción, muestra al subsector textil en el primer
semestre con buena dinámica. Y el sector automotriz, si bien castigado en gran
parte por la recesión de Brasil, tiene posibilidades de recuperarse a juzgar
por la fuerte recuperación de las ventas domésticas. El estado está dispuesto asimismo
a acelerar el plan de obra pública luego de un virtual congelamiento durante
los primeros meses del gobierno nuevo – durante el segundo trimestre las obras
públicas licitadas triplicaron las del primer trimestre aunque el presupuesto
ejecutado en el primer semestre es de sólo 28%.
Durante el primer semestre el impacto de la construcción
sobre la actividad económica ha sido negativo. El indicador sintético de la
actividad de construcción muestra una caída acumulada del 12,4% - en relación
al primer semestre de 2015. Y el nivel de empleo privado en la construcción
cayó un 9,1% en los primeros 5 meses de 2016. Entre los factores que explican
dicha caída están: la contracción de la actividad económica general (el PBI
desestacionalizado cayó 0,7% y la actividad industrial 3% en el primer
trimestre); el aumento de las tasas de interés reales a territorio positivo; el
aumento del costo de la construcción (17,6% en el primer semestre según el
Índice CAC); la incertidumbre generada por la alta inflación; y la contracción del
crédito hipotecario (0,8% del PBI en Mayo comparado con 1,2% en 2014). Aún con
un pronóstico macroeconómico incierto para el segundo semestre, ¿será la
construcción privada un factor de impulso de la actividad general?
Una serie de indicadores y algunos factores dan lugar a un
prudente optimismo para el segundo
semestre. El total de escrituras en la Capital Federal aumentó en forma
acumulada un 13,8% en el primer semestre de 2016 (el más elevado de los últimos
4 años) en relación a igual período de 2015; el monto en valor de las
transacciones aumentó un 72%. Esta recuperación de la cantidad de operaciones
es consistente con un aumento de los proyectos presentados para su aprobación.
Según el INDEC, la superficie cubierta autorizada para ser construida en 41
municipios de todo el país aumentó en el segundo trimestre 2% en relación a
igual período de 2015 – dicho índice venía cayendo hasta el primer trimestre y
había caído 8% en el último trimestre de 2015. En CABA, el número de m2
presentados para aprobarse en el primer semestre es casi el 70% del total de m2
solicitados en 2015. Y el Índice Construya - de venta de insumos de la
construcción de empresas líderes - muestra una evolución favorable en los
últimos meses. La sobre-ejecución presupuestaria de obra pública durante el
segundo semestre (el efecto residual de la sub-ejecución en el primer
trimestre) seguramente contribuirá a la recuperación de la actividad de la
construcción.
Otro factor que puede estar contribuyendo a la recuperación del
sector es la caída de los precios de la propiedad. Una encuesta reciente de la
UADE informa que el valor de las propiedades usadas en la Capital aumentó
durante el último año (a Mayo 2016) un 10,7% medida en dólares (tomando el
dólar blue como proxy del dólar libre en Mayo 2015). Sin embargo, tomando la
inflación estimada por el Congreso de 43,6% interanual, y la suba del dólar
libre en igual período (14,4%) eso importa una caída de los precios medidos en
pesos constantes de 13,4%. Una muestra reciente del Reporte Inmobiliario da
similarmente un aumento de la propiedad en dólares del 7% en entre Agosto 2015
y Agosto 2016. El mismo análisis arroja una caída en pesos constantes (tomando
para Agosto inflación de 1,5% y dólar promedio de $15,1 prácticamente igual al
promedio de Agosto 2015) de 26%
interanual.
Precios más bajos en pesos constantes – que se acerca más a
la moneda en que las personas generan sus ingresos - mejoran las condiciones
para la compra de propiedades y podría ser uno de los factores que está
impulsando la mayor demanda observada de inmuebles. Esto a su vez opera como un
factor de impulso para la construcción nueva. El potencial de demanda de inmuebles tiene también en cuenta la
futura apreciación del peso (ajustado por inflación) frente al dólar impulsando
nuevos aumentos de los precios en dólares de la propiedad. Dicho potencial
guarda a su vez relación con probables ingresos de capitales asociados por
ejemplo a mejoras del clima de inversión, al sinceramiento fiscal y a la
ejecución del plan de inversiones de infraestructura con financiamiento externo.
La apreciación del peso impacta sobre el costo de construcción en dólares lo
que, por un lado, eleva el piso del precio en dólares de las unidades nuevas y,
por el otro, podría comprimir los márgenes de los desarrollistas que enfrentan
precios en dólares que no tienen margen de mercado para seguir subiendo –
debido a las condiciones de oferta y demanda de cada submercado.
En resumen, el pronóstico para el real estate y la
construcción privada en el segundo semestre es favorable debido a los
indicadores recientes, en general la expectativa de revalorización en dólares,
y del mayor gradualismo observado en la política macroeconómica. Algunos
sectores ya han demostrado su dinamismo como el sector de oficinas comerciales o
de depósitos donde se registra importantes aumentos en los proyectos
presentados, mejoras en el valor percibido de las rentas (éstas se pagaban al
dólar oficial que ahora opera como un mercado libre) y mayor interés en general
debido a mejoras en el clima de inversión. Reflejando expectativas y los
procesos de apreciación descritos, el valor de la tierra para proyectos
inmobiliarios en general ha tenido aumentos considerables de hasta 30% en el último
año. Otro rubro que muestra sub inversión en términos del ingreso per cápita es
el área de centros comerciales donde los niveles de penetración son
sustancialmente más bajos que en Brasil y sobre todo Méjico.
En el corto plazo el sinceramiento fiscal o blanqueo
contribuirá a elevar la demanda de inmuebles por todos aquellos potenciales
compradores que no podían justificar ingresos para la compra. La reducción
gradual del stock sin vender de unidades implica tarde o temprano una
reactivación de la nueva oferta. La mayor disponibilidad de recursos financieros
que se incorporen a circuitos formales contribuirá a financiar nuevos proyectos.
El blanqueo ofrece un canal especial a costo cero para inversiones
inmobiliarias con inmovilización del capital por 5 años. Las exenciones
impositivas adicionales que ofrece dicho canal podría ser un fuerte incentivo
para proyectos relativamente grandes (mayores a US$5 millones tomados
individualmente). Sin embargo, los costos de constituir o integrarse a un fondo
(uno de los requisitos), y la necesidad de contar con proyectos aprobados antes
de fin de año podría genera poca adicionalidad en cuanto a inversiones.
A mediano plazo, el factor que posiblemente más impacte en
el desarrollo del sector – además del crecimiento económico - es el desarrollo
de distintos instrumentos de financiación que permiten adaptar la cuota a
niveles de ingreso más bajos y en plazos más largos. En particular ayudarán el
crédito indexado a la inflaciónn, los planes de ahorro previo y el crédito no
indexado en la medida que el proceso de estabilización se consolide. La
Argentina tiene 5 veces menos crédito hipotecario que el promedio de América
Latina y 20 veces menos que el resto de los países emergentes (en términos de
PBI). El muy bajo nivel de apalancamiento financiero de la economía argentina en
general abre importantes oportunidades para los bancos e intermediarios
financieros – una parte importante de dichas oportunidades se canalizarán a
través del crédito hipotecario.
Asimismo, la inversión en infraestructura urbana –
particularmente redes de transporte incluyendo trenes, subtes y metrobús - contribuirá
a habilitar nuevos espacios para desarrollos generando desplazamiento de
inversiones hacia áreas donde el precio de la tierra es menos prohibitivo.
Similarmente, regímenes regulatorios urbanos municipales menos discrecionales y
más transparentes permitirán aumentar la oferta de inmuebles nuevos
contribuyendo a la vez a la competencia, menores precios y mejores condiciones
de acceso a la vivienda y el desarrollo de la actividad comercial en entornos
urbanos.
En síntesis, es muy probable que tanto la construcción privada
como pública contribuyan a la reactivación económica durante el segundo semestre.
En el mediano plazo, el real estate y la construcción – fuerte empleadora y
demandante de insumos de otras industrias - también se verá favorecido por el desarrollo
del crédito hipotecario, obras de infraestructura urbana y de transporte y
marcos regulatorios más transparentes a nivel municipal.
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